¿Cita
entre dos?
—Un café enciende la charla.
Eso
dices,
como si fuera algo sencillo.
Pero
no lo es.
Porque
entre sorbo y sorbo
algo empieza a moverse,
algo que no tiene nombre
pero se reconoce.
Si
la noche se alarga,
ya no hablamos igual.
Las palabras sobran,
o estorban.
Y
entonces,
casi sin querer,
un beso.
¿Y
las miradas?
—Las
miradas no juegan.
Se buscan,
se sostienen,
se dicen cosas
que uno no pensaba decir.
Son
directas,
como flechas,
sí,
pero también como preguntas
que nadie sabe contestar.
Y
ahí,
en ese instante mínimo,
uno entiende
que
no era el café,
ni la charla,
ni siquiera la cita.
Era
esto:
el
riesgo
de acercarse demasiado.
Isabel
—Un café enciende la charla.
como si fuera algo sencillo.
algo empieza a moverse,
algo que no tiene nombre
pero se reconoce.
ya no hablamos igual.
Las palabras sobran,
o estorban.
casi sin querer,
un beso.
Se buscan,
se sostienen,
se dicen cosas
que uno no pensaba decir.
como flechas,
sí,
pero también como preguntas
que nadie sabe contestar.
en ese instante mínimo,
uno entiende
ni la charla,
ni siquiera la cita.
de acercarse demasiado.
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