domingo, 14 de junio de 2026

El tizón

 
“Tienes razón”, decía el papel.
Así, sin alzar la voz,
como si supiera más que nosotros.
 
Y yo lo miraba
sabiendo que no era cierto…
o peor:
sabiendo que sí.
 
Luego vino el fuego.
Siempre viene el fuego
cuando uno quiere dejar de entender.
 
Lo acerqué despacio,
como quien no quiere destruir
sino probar
si arde.
 
Y ardió.
 
Las palabras se hicieron negras,
se encogieron,
se volvieron nada entre los dedos.
 
Pero no.
 
No era nada.
 
Porque lo que dolía
no estaba en la tinta,
ni en la forma obediente de las letras.
 
Estaba aquí —terco, encendido—
como un tizón que no se apaga
aunque uno sople,
aunque uno jure
que ya no importa.
 
“Tienes razón”, decía.
 
Y todavía hoy,
a veces,
me quema.
 
ISABEL

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