“Tienes razón”, decía el papel.
Así, sin alzar la voz,
como si supiera más que nosotros.
sabiendo que no era cierto…
o peor:
sabiendo que sí.
Siempre viene el fuego
cuando uno quiere dejar de entender.
como quien no quiere destruir
sino probar
si arde.
se encogieron,
se volvieron nada entre los dedos.
no estaba en la tinta,
ni en la forma obediente de las letras.
como un tizón que no se apaga
aunque uno sople,
aunque uno jure
que ya no importa.
a veces,
me quema.
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