Por
pura curiosidad
pregunto al aire
—aunque sé
que no responde—:
¿de qué charlan las horas?
No el tiempo,
las horas.
Ellas, tan precisas,
tan cabales,
tan obedientes
pregunto al aire
—aunque sé
que no responde—:
¿de qué charlan las horas?
No el tiempo,
las horas.
Ellas, tan precisas,
tan cabales,
tan obedientes
a algo
que no vemos.
Porque el viento…
el viento no sabe callar:
recuerda,
se traiciona,
y todo lo que toca
termina por cantarlo.
Pero las horas no.
Las horas encajan.
Pasan.
Cierran.
Exactas.
Y, sin embargo,
—pienso—
en lo exacto
debe de haber un murmullo,
algo mínimo,
apenas un roce,
cuando una termina de irse
y la otra
aún no llega.
Ahí,
entre una y otra,
¿qué se dicen?
Me intriga.
Que exista
una conversación perfecta,
secreta,
entre el tiempo...
y que nunca,
nunca,
nos nombre.
ISABEL
11/06/26
que no vemos.
Porque el viento…
el viento no sabe callar:
recuerda,
se traiciona,
y todo lo que toca
termina por cantarlo.
Pero las horas no.
Las horas encajan.
Pasan.
Cierran.
Exactas.
Y, sin embargo,
—pienso—
en lo exacto
debe de haber un murmullo,
algo mínimo,
apenas un roce,
cuando una termina de irse
y la otra
aún no llega.
Ahí,
entre una y otra,
¿qué se dicen?
Me intriga.
Que exista
una conversación perfecta,
secreta,
entre el tiempo...
y que nunca,
nunca,
nos nombre.
ISABEL
11/06/26
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