Se escapa el tiempo
y para que no me arrastre,
me escondo en la sombra
del amor que abandonaste.
El reloj podría detenerse
y aun así, no te suelto.
Tal vez llegue el olvido
—dicen que llega—
y deje de nombrarte.
Pero no.
Hay algo todavía tibio
empecinado en esperarte.
Casi ceniza, late.
Y sueña
—todavía sueña— contigo.
No entiendo por qué insiste.
No hay razones.
No hay promesas.
Y, sin embargo,
permanece.
Una taza en la mesa
el café frío,
La huella de tus labios
que ya no están.
Lloro esta fe gastada:
la luz que al nombrarte se apaga
y que, al suspiro,
se vuelve a encender…
para morir otra vez.
y para que no me arrastre,
me escondo en la sombra
del amor que abandonaste.
y aun así, no te suelto.
—dicen que llega—
y deje de nombrarte.
empecinado en esperarte.
Y sueña
—todavía sueña— contigo.
No hay promesas.
Y, sin embargo,
permanece.
el café frío,
La huella de tus labios
que ya no están.
la luz que al nombrarte se apaga
se vuelve a encender…
para morir otra vez.
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