Aunque la muerte nos
separó, la esencia de don Alex, mi compañero, no se fue del todo. Esta morada
musita insistentemente su nombre, y el eco de su vida lo dibuja en cada
recuerdo.
Sí, esos recuerdos trazan sutilmente, su silueta y su sonrisa bonachona. Sospecho que lo tengo muy cerca, porque escucho su voz que me nombra, su cansado andar por la casa, y su constante y melodioso silbidito.
Todo de él añoro y reclamo, pero al sentirlo tan cerca, me consuelo y me repito: «Es mentira que se fue; él sigue aquí. Sus libros, su mecedora y nuestro lecho, conservan su olor. Su máquina de escribir enmudeció porque descansa, espera el toque animoso de sus manos para volver a la rutina creadora».
No desvarío. la sombra de su amor me acompaña. Eso provoca que camine sin darme cuenta sobre su huella para estar a su lado. Solo pido que no desespere ni se impaciente porque quizá yo aún demore... Pero llegaré, llegaré a esa otra dimensión donde felizmente descansaremos juntos, en forma total y eterna.
26/05/2009.