Escribo desde este rincón
donde el tiempo se plantó y echó profundas raíces. Hay una paz extraña en
aceptar que la edad me ha vuelto lenta, pero en esta quietud de árbol viejo, la
frondosidad de la memoria es mi mejor refugio. Aunque el cuerpo se ancle a la
tierra, el deseo que desconoce fronteras me permite viajar, imaginarme ave de alto
vuelo, o polvo enamorado que, prendido al viento, acaricia la libertad con su
destello.
En la paz de mi retiro
la edad de ser tierra
frena.
Soy árbol de hondas raíces
de fronda espesa y serena.
Sueño ser libre y volar,
coquetear con el viento
y tejer sobre las nubes
un amor sin juramento.
Planear, ganar altura,
o flotar en el espacio
como polvo en libertad,
un minúsculo topacio.
Mi sueño no tiene horario
para insinuar tal paseo,
como suspiro se pierde
en el éter del deseo.
ISABEL
28/02/26