Me gusta diciembre y su
aliento de escarcha. Respirar su aire frío. Ver el vaho de mi aliento mientras camino por la mañana con Fortunata. Me gusta por la promesa de alegría
que trae y la dulce melancolía que deja atrás, entre risas y llanto.
¡Ah, diciembre luminoso! Morelia viste ya brillos de temporada, adornos y luces navideños
que, al encender, hacen lucir sus edificios de rosada cantera como postal de un
mágico cuento. El ambiente dibuja sonrisas y ahuyenta el desánimo. Todo es
placentero, incita a celebrar.
Me fui a dormir con el
espíritu navideño prendido a mi ser. Y tuve un sueño que me acarició el alma.
Me soñé en una casona de
espacioso jardín y gran comedor, todo bellamente adornado con flores, esferas y
luces navideñas. Llegué del brazo de mi esposo, con nuestros hijos, sus parejas
y nuestros hermosos nietos. Nos veíamos guapísimos, listos para celebrar
con familiares, la gran Cena de Nochebuena que mis abuelas habían preparado.
Los olores deliciosos de la cocina me embriagaban.
En el jardín, los
familiares empezaban a llegar.
Los primeros en aparecer
fueron mis abuelos maternos: papá Chilo y mamá Lupe, lucían elegantes y
jóvenes. Me abrazaron; sus sonrisas tenían la tibieza de lo eterno. Don Santana y Doña
Isabel, mis abuelitos paternos, justo los estaba conociendo. Ellos vestían ropa abrigadora y
sencilla. Me cautivaron con su porte de genuina raza y con el amor con que me
envolvieron sus miradas.
Mas tarde, llegaron mis
padres. Lucían tan guapos como el día de su boda. Mamá portaba lindo vestido
azul turquesa, papá, el uniforme de gala militar. Mis hermanos y sus familias,
siempre hermosos, vestían de lujo para la ocasión.
En la sala, donde estaba el árbol navideño y un bello pesebre reservado para el Niño Jesús, saludé a
primos, a tíos, a parientes que no conocía y que jamás pensé
conocer. La convivencia fue cordial, y la ocasión para abrazar a mi sangre como
lo deseaba. Con música y la magia del momento, cenamos y brindamos con
bebida de frutas y uno a uno fue expresando sus deseos porque reine la paz y el
amor en nuestros corazones.
Desperté con los ojos
húmedos, con la certeza de haber vivido —aunque sea en sueños— la Nochebuena más maravillosa.
ISABEL
10/12/25