Julio llega
con la lluvia en los hombros
y se sienta conmigo
a recordar.
No trae prisa,
pero su tiempo es medido
para regalarme
su aroma a tierra mojada,
a musgo tierno,
a cantera recién bañada.
Los ventanales empañados
eran mi juego:
con un dedo dibujaba
besos y corazones.
Ahora,
con el café entre las manos,
lo escucho caer despacio
sobre el techo,
dentro de mí…
Y con él abro ayeres
sin miedo,
como cajones que conservan
aromas de la infancia.
con la lluvia en los hombros
y se sienta conmigo
a recordar.
No trae prisa,
pero su tiempo es medido
para regalarme
su aroma a tierra mojada,
a musgo tierno,
a cantera recién bañada.
Los ventanales empañados
eran mi juego:
con un dedo dibujaba
besos y corazones.
Ahora,
con el café entre las manos,
lo escucho caer despacio
sobre el techo,
dentro de mí…
Y con él abro ayeres
sin miedo,
como cajones que conservan
aromas de la infancia.
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