Regresa,
acomódate
fuera de mi pasado.
Rescata de él
la ternura
—si es que quedó—
de aquella etapa,
si no
comencemos
a enamorarnos
o verlos volar
sobre el cosmos
del nido
que los vio nacer.
Es abordarla:
viajar su paisaje,
escalar sus relieves…
Y apreciar su contexto:
el fulgor de su sol,
su fantasía,
el sollozo de un verso.
Es envolverme en su canto
y ser musa,
mar,
gaviota…
espejo de sus palabras.
Vivir la poesía,
para mí,
es abrazarla.