Sobre la fronda del
limonero, quizá para descansar, se tendieron mis pensamientos. No los molesté;
dejé que se relajaran, que bebieran de la savia del árbol.
La lluvia apareció sin
aviso, cantando copiosa y alegremente. Entre la sombra y los murmullos de mi
soledad, la oí golpeando con ritmo mi ventana, invitándome a bailar. Acepté de
buena gana. Abrazada a sus notas, me ganó el sueño.
Y me soñé niña, descalza,
cantando bajo el aguacero. Vi mis manos bañadas de lodo queriendo atrapar un
barquito de papel que navegaba, fugaz, en el arroyo.
El sueño duró poco, pero
fue grandioso; lo dice mi nariz, que aún percibe el aroma a tierra mojada y el
perfume de la lluvia.
ISABEL
02/03/26
02/03/26
No hay comentarios:
Publicar un comentario