“Tienes
razón”… quedó sobre el papel;
no sé si escrito o apenas sostenido.
no sé si escrito o apenas sostenido.
Después,
el fuego —terco y decidido—
de dos flamazos devoró el cartel.
Ardió
la letra, sí; no así la piel
hay ascuas que no ceden a lo herido.
Porque aunque el pulso niegue lo vivido,
la mente guarda intacto su laurel.
Y
supe entonces, mirando el humo irse,
que hay cosas que ni el fuego desmorona:
ni el peso de un adiós, ni lo que insiste.
Se
quema el trazo, pero no abandona
ese dolor que aprende a repetirse
como un tizón que al alma se arrincona.
de dos flamazos devoró el cartel.
hay ascuas que no ceden a lo herido.
Porque aunque el pulso niegue lo vivido,
la mente guarda intacto su laurel.
que hay cosas que ni el fuego desmorona:
ni el peso de un adiós, ni lo que insiste.
ese dolor que aprende a repetirse
como un tizón que al alma se arrincona.
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