Inspiración, ahora vuelves para reanudar el poema que dejaste reposando en el tintero. Pero la tinta
se secó y, lo escrito, ve tú a saber dónde está. Tal vez voló, o yace hecho ceniza, a la orilla del olvido.
Así que no busques
pendientes ni intentes sembrar algún verso conmigo, porque padezco cansancio
crónico. La edad no perdona. Y conforme pasan los años, crece la fatiga.
¡Ay, mi musa discontinua! Se agotó aquella luz de sol y vida que me conociste. Hoy en día, estoy atada
a las circunstancias de una etapa compleja y francamente no tengo fuerzas para
desatarme. Sufro dolores por docena… Vivo “la edad de oro”, sin alas y sin las
delicias que tanto disfrutaba. Y la remolona edad dorada sigue con la letanía
de que reduzca riesgos de salud. ¡Vaya etapa de lujo! Es una verdadera joyita,
pero no para presumir.
Eso sí: tengo la fortuna
de seguir viviendo. Mis carencias son obvias, he disminuido el tiempo de mis
caminatas… los “noes” me apabullan y los “síes” brillan por su ausencia. Sin
embargo, mis recuerdos son claros, profundos, y me abrazan en noches como esta,
de insomnio y de café.
Inspiración, vienes cuando
mi entusiasmo duerme. ¿Quieres que hablemos sobre mi añeja madurez?
ISABEL
19/05/26
19/05/26
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