Huyó mi sensatez al entrar
la noche; el calor de su saludo agotó la energía de mi compañera soledad, quien
se retira a descansar. Respiro su silencio. Prendí mi laptop y empecé a escribir la plática que sostuve con mi «otra yo».
¿Recuerdas a Elsita, mi
amiga poeta de Argentina, la que me impulsó a escribir poesía? Bueno, pues desde
comienzos del pasado abril la estuve pensando... Debí enviarle un mensajito por
WhatsApp, pero quise esperar a que llegara el día de su cumpleaños (el 23 de
abril) para sorprenderla con un correíto lleno de buenos deseos y mucho cariño.
Pero, ¡la sorprendida fui yo! En
su momento envié el citado correo... ella no respondía. Imaginé que su hijo la
estaría festejando, sin embargo, por las redes sociales pude enterarme que falleció unos días antes de su cumple.
El cáncer le había ganado la batalla.
Agotó su fortaleza, acabó con su vida. Quedé en shock con la noticia. Parece
increíble que, aun sabiendo la gravedad de su enfermedad, no me haya preparado para el
adiós definitivo. Pensaba: «Quizá yo muera primero; ella es mujer de fe y está
luchando, confiando en su Dios».
El misterio de la amistad
es indescifrable. Son caminos que se encuentran y cuyas metas se parecen... se
abrazan, y en esa comunión de las almas es donde nace una hermandad sólida, aun
con personas que nunca se han visto frente a frente. El corazón se entibia, a
las manos les crecen alas y las distancias desaparecen.
Eso nos ocurrió a Elsie y
a mí. Nuestra amistad fue un regalo de la Vida; sobre todo para Isabel, la
aprendiz de poeta, pues ella fue la que me animó a dar mis primeros trazos en el mágico
mundo del verso con la belleza de sus poemas, los que yo comentaba en el desaparecido
foro de Yahoo! Respuestas, en la Sala de Poesía.
Después de escucharme, mi
«otra yo» sólo señala: «Ahora, la historia de ustedes es poesía que no se puede compartir.
ISABEL
3/05/26
3/05/26
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