Fríos y temblorosos,
hoy mis labios te nombran.
Y mi corazón evoca
aquel apasionado abrazo
de una noche de un enero
de fascinante embrujo.
¿La recuerdas?
Entre cuatro paredes
fusionaron nuestros cuerpos
sus deseos y caricias.
Hubo tal fogosidad
que la habitación se iluminó
como una soleada mañana.
Afuera, la luna nueva
y su cortejo de estrellas,
custodiaban el hechizo
de las sombras,
mientras, las gélidas horas
bailoteaban con el insomnio.
Aquellos instantes
los hicimos nuestros.
Y van abrazados a mi historia
con suspiros
y el perfume de mis besos.
ISABEL
02/01/14
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