En esta época del año se
precipita la noche y transita en mi morada un silencio denso.
Me doy cuenta que los ecos terrenales se repliegan, que la voz y la respiración se ahogan, y que mi alma intranquila se estremece de frío. Soy tan despistada que suelo perderme en esa callada oscuridad que me rodea, pero hoy un rayo de luz se filtra por mi ventana. Logro ceñirme a su borde luminoso, hallando un poco de calor y abrigo.
De pronto, el silencio se interrumpe. Oigo murmullos en la calle, y logro oír el latido rítmico de mis pensamientos y recuerdos.. La razón se desvela, me conforta y, como una madre, me pide que descanse.
Me doy cuenta que los ecos terrenales se repliegan, que la voz y la respiración se ahogan, y que mi alma intranquila se estremece de frío. Soy tan despistada que suelo perderme en esa callada oscuridad que me rodea, pero hoy un rayo de luz se filtra por mi ventana. Logro ceñirme a su borde luminoso, hallando un poco de calor y abrigo.
De pronto, el silencio se interrumpe. Oigo murmullos en la calle, y logro oír el latido rítmico de mis pensamientos y recuerdos.. La razón se desvela, me conforta y, como una madre, me pide que descanse.
Vuelve la serena paz del silencio. Me invita a soñar con los rubores tenues de la aurora, con el nuevo sol. ¡La vida me grita!
ISABEL.
08/11/19
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