Cómo olvidar tu partida.
Fue una fría mañana de diciembre, vísperas a la
Navidad. Dos días después de tu llamada telefónica, de oír la encomienda de tu
saludo “Chacha, ¿Cómo estás? ¿Y tus hijitos, y don Alejandro? Yo, me la estoy rifando, pronto me verá el cardiólogo del Hospital Militar. Ten presente siempre lo mucho que te
quiero.”.
Tu alegre y querida voz en esa ocasión la oí triste. Y
deseé volar para estar a tu lado, quería abrazarte y llenarte de
besos. Pero controlé la emoción y logré decirte: “Iré muy pronto a verte, antes
de año nuevo, lo prometo. Tú tampoco olvides que te amo.”.
Mi promesa quedó flotando en el desconcierto, pues tu
cansado corazón, inesperadamente, dejó de latir. Tal vez fue deseo Divino que celebraras esa Navidad,
gozando de eterno descanso.
El caso es que hoy mis abrazos y besos vuelan en
oraciones hasta donde feliz has de estar, mi viejo amado.
ISABEL
17/12/08
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